Entre las prioridades del Gobierno central está la recuperación del derecho universal a la atención sanitaria pública y la revisión del copago farmacéutico.

El Ejecutivo ha propuesto medidas en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (SNS).

Posteriormente ha enviado un borrador de decreto a los gobiernos autonómicos, dando un plazo para recoger sus aportaciones.

Lo que no resulta tan comprensible es la exigencia por parte de las comunidades autónomas (CCAA) gobernadas por el PP de una memoria económica previa sobre el coste de la medida.

En la mitad del siglo pasado, en torno a 1950, surgieron a nivel internacional diversas declaraciones que defendían los Derechos Fundamentales del Ser humano, esto es, derechos positivos, inherentes a la propia naturaleza del hombre, que bajo ningún concepto debían ser cuestionados y que todos los seres humanos debían gozar.

El derecho a la salud fue indiscutiblemente uno de esos derechos fundamentales y básicos. Sin él, es difícil o imposible acceder a otros derechos más complejos como es el social y el político.

Es por ello que no sólo en las Declaraciones Universales el derecho a la salud aparece entre los primeros derechos fundamentales, sino también en las constituciones o cartas magnas que vertebran las distintas normativas nacionales y que finalmente acaban asumiendo las distintas estructuras de gobiernos regionales y locales, más cercanas al usuario de todo servicio de salud.

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos este derecho viene desarrollado en el Artículo 25:

“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios.”

Por su parte, en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966, en su Artículo 12, se describe así: “Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental».

El gran reto que nuestra sociedad tiene planteado en el Sistema Nacional de Salud es el de preservar los grandes valores y principios que «nos han identificado como uno de los mejores modelos sanitarios del mundo”.